Se murió Mayolo. Hoy nadie le dedica la editorial de un periódico, los canales institucionales dejaron de programar sus películas y sus seguidores dejaron de rasgarse las vestiduras. La semana que murió todos tenían su foto en el Messenger y era el centro de conversación de todos los cafés de la ciudad, hoy un par de semanas después todos, salvo uno de mis amigos, quitaron su foto del Messenger y ya nadie lo menciona ni por equivocación.

Murió un genio, de eso no hay duda, dejó a su gata Alicia y su manía de oler todo, un obituario que se negó a escribir porque su muerte no estaba cerca, dejo una trayectoria de cine hecho con las uñas, que en palabras de su amigo Jota Mario Arbeláez se reflejaba en los títulos de sus películas “Carne de tu Carne” o “Sangre de tu Sangre”, una película sin terminar, un libro de memorias titulado ¿Mamá, qué hago?" y su envidiable trayectoria en Televisión y Cine.

No fui amiga de Mayolo, solo conversamos un par de veces, la primera cuando visito la UNAB y la segunda cuando asistí a la Inauguración de la Fundación La Mansión de la Araucaima, pero estas fueron suficientes para que me hiciera una clara idea de él. Lo recuerdo charlatán, irreverente, gracioso, sin pelos en la lengua, un hombre de excesos que invitaba a prender cigarrillos, de esos que dan risa en la mitad de la fiesta, un poco gótico, un poco oscuro, un poco pecaminoso ese es el Mayolo que yo recuerdo .Me imagino que estará en el cielo (muy a su pesar) escuchando Salsa y a Los Rolling Stones, tal vez intentando solucionar las cosas con Andrés Caicedo mientras recuerdan Caliwood o escribiendo con Gonzalo Arango.

Hoy es un buen dia para recordar a Mayolo